Es habitual que los padres compartamos experiencias acerca de nuestros hijos,  y especialmente en el ámbito escolar. La actitud y experiencia del docente son puntos recurrentes, hoy quiero hablar concretamente de la falta de conocimientos pedagógicos o la puesta en escena de éstos y las consecuencias sobre los niños y niñas que sufren esta carencia de sus profesores.

Los conocimientos pedagógicos han de ser los que permitan al profesor diferenciar para sacar lo mejor de cada niño, adaptar el currículo, para ofrecerle maximizar las oportunidades de aprendizaje, motivarlos, adoptar medidas adecuadas para el sin fin de situaciones y variaciones personales que se dan en un aula.

Obviando el hecho de que  no tienen que saberlo todo y hacerlo todo perfecto, no deja de sorprender la falta de conocimientos pedagógicos de algunos profesionales de la educación.

Si bien, son los pedagogos lo que llevan a cabo el grueso de estas tareas (hacerse cargo de la organización y dirección de técnicas de centros educativos, diseñar los proyectos educativos, orientar y diagnosticar, personalizar y adaptar a las necesidades y característica que el alumno necesite, diseñar del material didáctico…) los maestros y profesores se preparan para tener unos conocimientos mínimos en lo relativo a estas competencias ¿qué sucede entonces?

Por ejemplo, que un profesor de matemáticas sentencie públicamente el curso académico de una niña con dislexia, sin más pretensión que dejar claro que los resultados no son suficientes, a pesar del esfuerzo sabido que está realizando la niña, me deja cuanto menos atónita, a la niña por desgracia la hundió, tuvo que hacer un trabajo doble, estudiarse la asignatura con las dificultades añadidas que para ella tiene y convencerse  de que el tiempo y el esfuerzo la harían mejorar y aprobar, por mucho que dijera su profesor.

máster en psicopedagogía

O que se amenace  delante de los compañeros a un niño de cinco años de inteligencia superior al resto con llevarlo a la clase de los pequeños, avergonzándolo y ridiculizándolo, porque no ha terminado una tarea que le desespera, esperando así que el niño se motive… O que se le haga repetir una tarea porque la ha hecho demasiado bien y rápida ¿Qué iba a hacer con él entonces?, pues eso… Que un “plis plas” he generado tal frustración en el niño, que probablemente ya no intente esforzarse, total ¿para qué?

Al final del día vemos con preocupación la responsabilidad de unos y otros en el proceso formativo educacional, profesional y personal de nuestros niños. Y si como padres tenemos el deber de educar lo mejor posible, también los docentes tienen el deber de formar lo mejor posible. Y sí, formar es mucho más que transmitir conocimientos teóricos. La oferta formativa en pedagogía, postgrado o máster actual, (Máster en psicopedagogía) dota de las competencias necesarias.

Los que optan por esta disciplina, la pedagogía o psicopedagogía, y se ponen al servicio de un centro escolar para trabajar la multitud de casos, circunstancias y complejidades que conforman el aula y aquellos que la respetan, los que se han formado, y los que aplican sus conocimientos pedagógicos, son un orgullo para padres y madres y un alivio… porque sabemos que nuestros hijos están guiados por un profesional capaz de enseñarles con los métodos más adecuados a su edad y condiciones, que sabrán consultar al especialista, al pedagogo  cuando solo no pueda afrontar una situación, porque también será consciente de la importancia del método, del cómo. 

La pedagogía debería ser una materia de formación continua obligada.

Por el momento, gracias a esos profesionales con ganas,  que verdaderamente aportan a los centros y sobre todo a los alumnos no sólo conocimientos teóricos, que se preocupan por hacer bien el trabajo que desarrollan empleando las mejores condiciones posibles para cada alumna y circunstancia, que son capaces de ver más allá, de ver las posibilidades.

Sin duda,  no es una tarea fácil, pero nos va mucho en ello.

UP! Psicología & Coaching

Psicólogos en  Ronda Sur, Murcia.