Soy consciente de “casi” todas mis virtudes y defectos, me ha costado y sigue siendo una dura asignatura reconocer sobre todo, aquello que no gusta de mí, que me hace tomar decisiones equívocas, desechar críticas, estar a la defensiva o sencillamente, aún me cuesta deshacerme del malestar que me provocan los aspectos que considero poco productivos o atractivos de mi persona.

Es complejo también reconocer virtudes y potenciarlas, afianzarlas pasa por creer en mí, en mi capacidad de afrontar y dirigir mi vida y por el esfuerzo de mantener esas actitudes.

Por dificultoso que resulte este es un punto ineludible en el proceso de maduración, también es un punto necesario cuando se trata de dirigir, cualquier persona que adopte la autocrítica, el reconocimiento de virtudes y defectos y la valoración constructiva exterior como parte de su persona tenderá a irradiar ese comportamiento a cualquier área de su vida, pero siempre hay áreas que nos cuestan más que otras.

Dirigir requiere conocer tus puntos fuertes y débiles, trabajarlos y delegar en aquellos que sabemos que nos pueden complementar. Procuro rodearme de personas que cubran aquellos aspectos profesionales específicos que necesita el proyecto, además de tener cualidades que me complementan y de las que yo carezco, así no solo podré delegar, también aprender.

Cuando se trata de dirigir debes conocer cuáles son tus puntos débiles para rodearte de personal que equilibre estos aspectos, donde puedas apoyarte y por supuesto elaborar el proceso de mejora y excelencia como director.

Dirigir implica además tener un proyecto claro, proceso y objetivo final, metas intermedias…

para empezar debes tener en cuenta estos puntos básicos:

  1. Te enfrentarás a una nueva situación en la que no conocerás todos los entresijos, con cada nuevo proyecto o equipo se presentará un nuevo reto.
  2. Los imprevistos, circunstancias adversas y debilidades de tu equipo los descubrirás poco a poco.
  3. Aunque te cueste, tendrás que delegar y confiar en el buen hacer de tu personal, creer en él y confiar en que está preparado.
  4. Deberás hacerte escuchar y escuchar a tu personal si quieres obtener respeto, iniciática e implicación.
  5. Tu equipo necesita saber cuál es el rol que desarrollará en cada proyecto: qué se espera de ellos, del trabajo en equipo, cuál es el objetivo final. Sólo la creatividad está sujeta al libre albedrío, lo demás requiere de pautas y objetivos concretos.
  6. Las normas son fundamentales y han de cumplirse, ya sea respecto al horario, la presentación de un informe o el trato con el cliente.
  7. No puedes jugar a ser su amigo, eres el director y el colegueo debe quedar restringido para a momentos de ocio.
  8. Tu equipo cometerá errores: no critiques y castigues sin más, buscad la causa del error  y aprended de ello. Analiza tu papel y grado de responsabilidad en este fallo, buscad la manera, ahora, de pautar el proceso para que no vuelva a ocurrir.
  9. Tendrás dudas constantemente de tu buen hacer: aunque sepas o creas que vas por el buen camino, no verás el resultado hasta el final, cuando el producto ya esté en el mercado y veas su evolución, entonces podrás valorar realmente cómo lo has hecho.
  10. Haz que se sientan partícipes de la empresa y de tu proyecto, deben sentir que forman parte de él.
  11. Siempre habrá factores que no podrás controlar, aprende a relativizar.
  12. Sobretodo disfruta con tu función.

Estos son los puntos básicos para organizarse con un equipo o dirigir cualquier tipo de proyecto, que debes tener en cuenta a la hora de adoptar un rol directivo desde una perspectiva de análisis personal.

Por supuesto la realidad es muy compleja y hay mucho que puntualizar, en futuros post daremos a conocer nuevas claves para una dirección eficiente.