Maquiavelo lo habría tenido claro; “al enemigo le cortamos la cabeza y muerto el enemigo muerto el problema”. Además él sugeriría, por si las moscas, acabar con toda su prole, familiares, amigos y demás simpatizantes, para evitar cualquier brote que pudiese alterar el futuro bienestar del príncipe y su estado.

Esta es una posición radical, pero eficaz no cabe duda ¿Pero qué diría este señor si mi peor enemigo fuese yo mismo? ¿Qué ocurre cuando mi problema está en mí?

No cabe duda de que el peor ataque que puedo sufrir no viene del exterior, sino de mi propio ser. Examinen aquellas situaciones en donde se sintiesen agredidos, sin dudar serán aquellas en las que no hubo la oportunidad de defenderse o, si la hubo, no lo hizo.

En cualquier caso la rabia crece cuando valoramos que no hemos sido capaces de velar por nuestra propia integridad.

El sujeto siente el dolor del ataque externo y la rabia y la impotencia contra su propia persona. Además de la vergüenza social: creemos que nos mostramos débiles inseguros y hasta estúpidos.

Picasso

Si mi amiga juzga mi situación y me increpa delante del resto de mis amigos, si yo me siento mal y no me defiendo; me enfadaré con mi amiga, pero también sentiré la rabia contra mi misma; el rechazo y la impotencia por partida doble.

Cuando estas situaciones se suceden un día tras otro acaban por llegar a nuestro autoconcepto y autoestima, devaluándolas considerablemente.

Saber qué condiciones significan un agravio para mi persona resulta crucial, de lo contrario puedo sentir un malestar agudo sin saber a qué se debe y sin saber hacia qué o quién enfrentarme. Por otro lado resulta igualmente vital aprender a ser asertivo; algunas personas desconocen la forma adecuada de decir no, temen dañar a los demás o el rechazo social, otras veces no osamos pedir lo que nos pertenece o apetece por miedos o prejuicios que nos paralizan o dejan indefensos ante cualquier ataque.

No cabe duda, el peor ataque no es el que me llega desde fuera, sino el que se produce desde dentro; esto provoca una autovaloración negativa, y acaba minando a la persona.

Por eso debemos contar con estrategias asertivas que nos hagan fuertes; debemos aprender a decir no, a pedir cambios de conducta, opinar, debemos conocer nuestro discurso interior, conocer en qué momentos nos hacemos fuertes y que situaciones nos dejan en mantilla y porqué. Sin duda estos requiere esfuerzo y practica y en muchos casos la ayuda de un profesional que nos guie y nos enseñe las estrategias a seguir.

No te pierdas el próximo post, daremos las claves para  que seas tu mejor aliado.

Merece la pena ,como mínimo debo sentirme agusto en mi piel.