No son pocas las personas que llegan a consulta en situación de duelo. No del duelo por la muerte de un ser querido, más allá de la situación de duelo por el fallecimiento de una persona, hay situaciones que provocan la misma reacción psicológica que la producida ante la pérdida del ser amado.

La razón por la que escribo este post es por la demanda de determinadas personas, que llegan a consulta solicitando “eliminar el dolor” propio de un proceso de duelo de una situación de ruptura, por ejemplo, de características no patológicas, esto es: no excede los seis meses.

Tras la evaluación inicial la persona suele exponer: “No quiero sentirme así, quiero que acabe este sentimiento… ya.” En algunos casos la persona llega a consulta dos días después de la ruptura.

Imposible eliminar el dolor y la angustia, si te han dejado o si has dejado inclusive, dos días después de la separación. Sería usted un psicópata sin escrúpulos, alexitímico o un extraterrestre si ante tal situación no lo pasase realmente mal.

Pero a pesar de esto, suelen sorprenderse cuando expongo lo que puedo hacer por ellas en consulta: no es que no quiera ayudar o que no pueda, es que la persona que tengo frente a mí me está pidiendo que elimine un dolor necesario, inherente a la situación que está viviendo y hasta saludable.

En mi caso, puedo orientar a la persona, debo ayudarla a encajar la situación, a evaluar y poner en marcha estrategias de adaptación al nuevo estatus, pero con todo, habrá dolor, habrá duelo. Por supuesto, estoy hablando de personas sanas psicológicamente que en la mayoría de los casos acuden por primera vez a consulta, asustadas por vivir tan profunda tristeza… se sufre por que se ha querido, porque se ha deseado querer y se ha puesto esfuerzo y empeño en la relación, porque son muchas las áreas que se ven afectadas ante la separación, porque estamos hechos de emociones, en general adaptativas y el duelo o los procesos de duelo son un compendio de respuestas psicológicas al dolor, necesarios para organizar nuestra psique y adaptarnos a las nuevas situaciones.

La satisfacción de obtener lo deseado, presenta también de forma inherente la responsabilidad y la dificultad de conservación y la incertidumbre de la pérdida. Y ante la confirmación de la pérdida no nos queda otra que aceptar y reelaborar nuestra situación.

Debemos reconocer lo natural y necesario, los dientes duelen cuando rasgan las encías, y nadie trataría de contenerlos o renunciaría a ellos para evitar el rasgado.

Si bien, conocer cómo sucede y cómo aliviar el proceso o que precauciones tomar para que no se transforme en un proceso patológico puede ser de gran ayuda. Por es importante tener en cuenta la siguiente información:

Podemos definir el duelo como un proceso psicológico, un estado de aflicción relacionado con la muerte de un ser querido, pero también podemos hablar de “Procesos de Duelo” (S. D. Flórez ):

Son procesos que se ponen en marcha ante cualquier tipo de pérdida, algunos ejemplos son:

–          ruptura de pareja

–          fracaso escolar

–          cambio de domicilio

–          pérdida de estatus social

–          pérdida de empleo

Algunos de los signos y síntomas característicos que presentaría una persona en tales circunstancias son los siguientes:

–          tristeza

–          recuerdo reiterativo

–          llanto

–          irritabilidad

–          falta de concentración

–          abulia

–          apatía

Estos síntomas tienen una duración máxima aproximada de seis meses, durante los cuales se produce la “elaboración del duelo”: es el proceso por el cual la persona pasa del recibimiento de la noticia de una pérdida hasta la aceptación de la misma. Tiene unas fases características, estas son:

–          Fase de Shock: aturdimiento, cólera, negación, intensa desesperación…

–          Fase de Negación: el sujeto niega lo evidente para evitar el sufrimiento.

–          Fase de Ira: cuestionamiento y preguntas, rabia ante la situación.

–          Fase de Negociación: asunción de las emociones generadas, necesidad de hablar para asumir, de reconciliar la situación.

–          Fase de Depresión: angustia, miedo, impotencia…toma de conciencia de los hechos.

–          Fase de Aceptación y resolución: interiorización de lo sucedido aceptación y adaptación.

No es posible evitar el duelo, pero sí podemos decidir cómo afrontarlo.

Empezando por asumirlo como natural.

En esto consiste estar vivo y vivir:

Sentir.