Arshile-Gorky

El ser humano es por definición un ser social, que vive en comunidad, se aferra a un grupo y crea su identidad basándose en la pertenencia al mismo. La necesidad de pertenecer y crecer con la comunidad es muy evidente en la adolescencia por ejemplo, se crean las pandillas, las tribus urbanas… Nuestros antepasados precisaban vivir en grupo para ser más fuertes que el enemigo, para satisfacer las necesidades básicas de alimentación, protección y perpetuación de las especie, era una cuestión de pura adaptabilidad al medio, un medio en el que regía la ley del más fuerte. Sin embargo ahora, es mucho más que eso, el individuo puede vivir sólo, puede satisfacer sus necesidades básicas sin la ayuda del grupo y sin embargo seguimos necesitando de los otros, nuestras necesidades de crecimiento personal y desarrollo emocional suelen estar ligadas a los otros, no ocurren en el vacío o fuera del grupo.

Y la razón por la que hablo de esto es porque  a menudo llega a mi consulta un tipo de paciente cuyo problema es esencialmente el mismo: depresión, ansiedad, irritabilidad… por la pérdida de la red social. A su vez esta pérdida está causada por diversos factores, las causas son variadas:

–          un divorcio o separación sentimental

–          un cambio de ciudad

–          la pérdida o cambio de empleo

–          la salida de una determinada comunidad…

Pero todos tienen características comunes que les llevan al mismo y desagradable estado, son personas que básicamente elaboraron su vida entorno a un único aspecto, tras la pérdida del mismo la persona se ve abocada a una situación de soledad y aislamiento del que le resulta complicado salir.

Cuando elegimos dedicar la mayor parte de nuestra vida al trabajo: los amigos pertenecen al entorno laboral, el ocio es inexistente o está siempre ligado a tareas laborales, posponemos la creación de una familia o no tenemos pareja por que el empleo no lo permite, o así lo decidimos, corremos un riesgo altísimo a nivel emocional.

Dedicar la vida a una sola persona: dejar a los amigos de toda la vida de lado por la pareja, dejar de hacer las cosas que me gustan para hacer las que quiere mi pareja, alejarme de la familia porque a mi pareja no le gusta… esto también constituye el caldo de cultivo para la pérdida de la identidad, de la red social de apoyo obviamente y para la generación de alteraciones emocionales futuras.

Un cambio de ciudad por motivos laborales, que se lleva a cabo solo, sin la compañía de una familia, también puede provocar ese estado de inadaptación y depresión del que hablamos, así como la pertenencia a un determinado grupo o comunidad donde, como en los casos anteriores la vida del sujeto gira íntegramente entorno a ésta.

Lo que ocurre es que estas personas se afanan en crecer dentro de esa área única que han decido que es su vida, descuidando otros muchos aspectos:

–          Han dejado de relacionarse con sus familiares y amigos.

–          No tienen relaciones sociales más allá de su objetivo (trabajo, comunidad, pareja)

–          No tienen actividades de ocio alternativas

–          Carecen de habilidades sociales, están mermadas o dedicadas en exclusiva a desarrollarse en un área concreta.

–          No creen que haya necesidad alguna de enriquecer su vida con otras personas.

–          No contemplan la posibilidad de que esa vida que han construido con tanto esfuerzo con base en un solo punto cambie algún día.

Mientras que se mantenga la pareja en las condiciones que nos llevaron a esa situación, el trabajo al que hemos consagrado nuestra vida o el lugar del mismo, o la pertenencia a la comunidad, el sujeto no tendrá problema alguno y se sentirá muy satisfecho con su situación.

Pero si se diera el fatídico caso en que perdiesen lo que han hecho el núcleo y único motivo de su existencia… si se desmoronase su único punto de apoyo… Entonces es cuando la persona pasado un tiempo prudencial de adaptación, se da cuenta que el daño es mucho mayor, que descuidó muchas áreas de su vida y que hacerlas funcionar es costoso. Se produce en la persona una tremenda situación de impotencia y desolación:

–          la pérdida les produce un intenso malestar imposible de llenar, ya que no tienen en dónde apoyarse (amigos, familia, otras actividades placenteras…)

–          viven un verdadero duelo: depresión, ansiedad, necesidad de readaptación a su situación…

–          la falta de habilidades sociales, conocimiento del entorno, de iniciativa social y de ocio… les dificulta enormemente reactivar las relaciones sociales, familiares, personales…

–          la edad, ya que esto suele darse en personas mayores 35 años, resulta un impedimento para las nuevas relaciones, ya no es tan fácil encontrar personas en la misma situación, o que tengan el tiempo para dedicarlo

–          el sentimiento de soledad y vacío se acrecienta

–          la casa se les viene encima, cualquier momento de intimidad consigo mismo les produce ansiedad y tristeza,

–          creen que su situación es irreversible y a veces no identifican la causa.

Es este momento cuando llegan a consulta, aquejados de su depresión y su soledad. El trabajo en terapia consistirá en trabajar la situación de duelo, reactivar redes, crearlas, buscar actividades de ocio placenteras que favorezcan la interacción con los otros, entrenamiento en habilidades sociales o un replanteamiento de la situación y solución de problemas si fuese preciso, entre otros aspectos.

Pero lo ideal, es no llegar a esto,

¿Qué debo hacer para no llegar a los cuarenta sintiéndome sólo y vacío?

  1. Cuídate a ti mismo
  2. cuidarse a sí mismo significa cuidar de:
    1. las personas que quiero y me hacen sentir bien
    2. las actividades que me hacen disfrutar
    3. los valores con los que me identifico
    4. dedicarles un tiempo suficiente
    5. Trata de satisfacer tu necesidad de crecer e ir más allá en lo personal o laboral tomando decisiones responsables, esto es, valorándolas concienzudamente.
    6. Puedes dejarte llevar por tus emociones e intuiciones, sí. Pero piensa también en las posibles consecuencias, ten un plan “b” preparado, o al menos presente que algo puede cambiar.
    7. No rechaces las relaciones sociales y familiares que te hacen sentir bien
    8. No dejes de hacer algo que te apetece por miedo, vergüenza o edad
    9. NO centres tus esfuerzos en un único aspecto o tarea, diversifica.
    10. Acepta tus virtudes y defectos, disfruta siendo quien eres.

Piensa que la vida es corta pero hay mucho que exprimir de ella,

¡¡¡No te quedes sólo con una parte!!!

Abre tus manos, hay mucho que recoger y que compartir.