Después de un día de trabajo, de actividades y quehaceres domésticos, convivencia y mimos familiares, satisfecha por cumplir y disfrutar de mis metas y objetivos, me siento a escribir un artículo que me inspire y sirva de orientación y ayuda a otros. Empiezo con ganas, con fuerza tecleo y las ideas se suceden una tras otra, no pretendo un bonito estilo literario, sino que el lector encuentre lo que busca, pueda identificarse con ello y sacarle provecho. Pero al cabo de un rato, el breve texto se presenta engorroso, atiborrado de expresiones que ensucian la exposición del tema, repetitivo y lejos, muy lejos de lo que yo quería transmitir.

Estoy cansada, un poco atolondrada evidentemente y tal vez deba retirarme… y ahora me doy cuenta, debo dejarlo estar por un rato, puede que un día, tomar perspectiva sobre el tema y volver más tarde. Así es.

Tras una hora de descanso, cena, y relax, vuelvo sobre el texto y ahora soy capaz de dirimir entre todas las ideas con cuál voy a quedarme, puedo desarrollarla y crear, tal y como yo quería, un post a mi gusto.

Este gesto de aplazamiento a muchos le resulta imposible en su día a día y sin embargo, aplazar y tomar perspectiva sobre aquello que no deja de martillearnos, puede significar la resolución de un conflicto.

Solemos enfrentarnos a situaciones que nos absorben por sus características emocionales, porque conllevan decisiones difíciles, porque implican a otros, etc. y abordarlas resulta en definitiva doloroso y complicado. En estos casos, cuando la situación adquiere unas características concretas es cuando debemos parar para dejar paso más tarde a una nueva visión de la situación. Estas características son:

  1. Hace tiempo que ando dándole vueltas al tema.
  2. No consigo sacar nada en claro.
  3. Cuando abordo el tema me siento irritado, frustrado, ansioso o triste.
  4. He hecho todo lo que sabía hacer y nada resulta eficaz.
  5. Cuanto más tiempo pasa peor me siento.

La situación ha pasado a un plano emocional, donde el cansancio, la frustración y la impaciencia porque se acabe minan y bloquean las posibilidades de un abordaje eficiente. Ahora debemos “alejarnos” y tomar perspectiva sobre el asunto para retomarlo, esta vez sí, con las estrategias que nos permitan poner el punto y final.

Pero ¿Qué significa entonces, alejarse y tomar perspectiva?

Parar para volver después y revolotear sobre los restos qué dejamos no me servirá de mucho, He de generar una estrategia:

  1. Fija tu objetivo, la meta a la que quieres llegar, el resultado.
  2. Compárala con el anterior, ¿sigue siendo el mismo? ¿algo ha cambiado?
  3. Ten presente los posibles cambios y la situación actual.
  4. Analiza si alguna de tus acciones anteriores podría repetirse y obtener un resultado distinto y acorde con tus objetivos.
  5. Lista las posibles situaciones que te han llevado a donde estás ahora ¿Qué aspectos te han paralizado impidiéndote resolverlo?
  6. Utiliza la técnica de “resolución de problemas ” (http://up-psicologia.com/blog/2012/coaching/la-virtud-de-escarlata-o%C2%B4hara/).Busca ayuda de un profesional si fuese preciso, que te guíe para poner en orden tus emociones y los hechos en su lugar, de forma que puedas actuar y ser resolutivo.
  7. Toma una decisión y afróntala.

Ahora has tomado perspectiva sobre el asunto y has actuado de forma eficiente. El alivio es inmediato, pasamos de una situación de impotencia, donde creemos no tener el control, a una situación de seguridad, el individuo toma las riendas de su vida, ahora ha actuado teniendo claro el objetivo y siguiendo un camino, es seguro que obtendrá resultados y se sentirá satisfecho.

La resolución de un conflicto, sea del tipo que sea, supone un aprendizaje que previene de futuras situaciones similares, lo que conlleva mayor seguridad, aumento de la autoestima y eficiencia.

Si aún hay algo que no te deja avanzar y paseas en círculos sobre el mismo argumento, Para.

Ya es hora de descansar, de tomar perspectiva y resolver, por fin.

¡No te quedes enganchado! ¿A qué esperas para sentirte bien?