Dar una opinión contraria a la del grupo, hacer una petición a un compañero o negarse a las suyas, hacer una crítica o pedir un cambio de conducta pueden resultar una montaña difícil de escalar y hasta una utopía para algunas personas.

Cuántas veces hemos llegado a casa cabreados, con esa sensación de haber hecho el tonto, de que no hemos expuesto nuestra opinión, que nos han ninguneado por no pedir un cambio en el comportamiento del otro o que debimos solicitar algo que nos correspondía: con la sangre hirviendo, la cara enrojecida y los ojos casi fuera de las órbitas imaginas cómo sería la defensa perfecta y entonces sí; consigues espetarle la defensa más audaz. Pero claro, ¿de qué me sirve ya?

No está todo perdido, en primer lugar hemos sido capaces de generar una defensa,aunque haya sido en imaginación, ya tenemos algo andado.

Ahora tenemos que practicar para conseguir decirla en el momento adecuado, de la forma adecuada y con las palabras adecuadas.

El esquema siguiente nos da una forma clara, fácil y eficaz, de recordar y de practicar:

  1. Entiendo,
  2. Sin embargo,
  3. Te propongo.

ENTIENDO: En primer lugar hablaremos de lo que está haciendo la otra persona y de sus circunstancias intentando comprender su situación y dejando claro que conocemos sus posibles razones. Nos ponemos en sus circunstancias evitando atacar al comienzo de la discusión y evitando una confrontación directa que se convierta en un insulto o agresión verbal sin posibilidad de diálogo.

SIN EMBARGO: Ahora toca exponer cuál es mi situación, qué siento y a qué se debe, debo resaltar cómo me afecta el comportamiento de la otra persona y cuáles serán las consecuencias de mantenerse la situación, para mí y también para mi interlocutor.

TE PROPONGO: Este es el momento de proponer una alternativa a la situación que nos afecta. Debe ser clara, específica y posible por supuesto. En este punto propongo actitudes, comportamientos o soluciones posibles, dejando abierta la puerta a la negociación.

Puede que resulte muy frío o incluso blando para algunos, pero la realidad es que es una forma contundente de enfrentarse a una situación controlándola desde el primer momento, siendo educado y eficiente en cuanto a mis necesidades.

A continuación se exponen algunos ejemplos de cómo aplicar esta técnica.

SITUACIÓN 1: EN EL TRABAJO.

Se ha convocado a un grupo de alumnos a un curso sobre habilidades sociales en horario extraescolar. Un padre acude con su hijo a la cita muy cabreado porque dice que no se le ha comunicado debidamente lo que se va ha hacer con su hijo, menor de edad. El señor en cuestión llega muy alborotado y no atiende a razones.

Lo dejamos hablar y lo escuchamos, después afrontamos la situación:

  1. Entiendo: Entiendo que esté usted cabreado porque no le hayan comunicado debidamente el procedimiento, es cierto que su hijo es menor y que puede decidir si quiere o no que se quede en el curso.
  2. Sin embargo: Pero se envió una carta a los padres, puede que hubiese algún error y no le llegase, desconozco las razones por las que falló el proceso y ahora no puedo atenderle porque he de empezar con el curso.
  3. Te propongo: Puede usted dirigirse a la dirección a consultar y a poner una queja si se lo ve necesario. Yo también iré para ver lo que ha ocurrido por si es necesario enviar un nuevo comunicado. Ahora tengo que atender a los alumnos pero puedo atenderle al término de la sesión y explicarle en qué va a consistir el curso si le parece bien.

SITUACIÓN 2: LA PAREJA

Eva le está contando a Luís un problema que le ha ocurrido en el trabajo, pero él no le está prestando atención. Esto es habitual.

  1. Entiendo: Sé que no te das cuenta, que estás pensando en tus cosas, y que no le das importancia.
  2. Sin embargo: Pero cuando te hablo y no me prestas atención me siento realmente mal, siento que no te importo y que te dan igual mis cosas. Eso hace que no me sienta a gusto contigo.
  3. Te propongo: Me gustaría que cuando te cuente algo me mires a la cara y me escuches y si hay algo que te da vueltas en la cabeza y te impide atenderme, compártelo conmigo.

Las posibilidades de esta técnica son muchas y nos asegura exponer lo que queremos. Claro que siempre podemos encontrarnos con un interlocutor que responda de forma ofensiva y en ese caso lo mejor es repetir nuestro discurso como un disco rayado sin dar oportunidad a entrar en la agresión verbal.

Por lo demás, esto es solo cuestión de práctica y si nos ponemos en marcha en poco tiempo controlaremos la técnica y sentiremos sus beneficios.