Mujer en el espejo, Picasso

Cuántas veces hemos oído eso de “hay que quererse mucho, porque hay que tener la autoestima bien alta para no caer en una depresión…”

A menudo es así como nos plantean la solución a los problemas psicológicos, de los niños “es que tiene la autoestima muy baja, tiene que aprender a valorarse” y de los adultos: “es que no se valora nada, es muy inseguro/a, tiene que quererse más…”

Todos estaremos de acuerdo, debemos tratarnos con cariño y respeto y valorarnos al máximo. Pero si es tan fácil, ¿Por qué no ocurre así?

¿Cómo aumentamos la autoestima? En un primer lugar dejemos claro de qué hablamos:

Definición de autoconcepto: se compone de todas las características que me atribuyo, positivas y negativas.

Definición de autoestima: es el valor que concedo a mis cualidades, el resultado de un balance que tiene en cuenta virtudes y defectos y que finalmente se refleja en el valor que me concedo como persona y en las diferentes áreas de mi vida.

Dicho esto, tenemos que abordar el problema desde la raíz: Es imprescindible conocer qué cualidades positivas y negativas me atribuyo y qué valor les doy.

Definir mi propio auto‐concepto y mi autoestima supone un análisis profundo y maduro que requiere admitir las carencias, aquellos aspectos que me gustaría destacar en mí, aquellos que querría eliminar y por supuesto el análisis del discurso interno y su concordancia con la realidad (en ocasiones poseemos habilidades y características que son apreciadas por los demás pero no por nosotros mismos, esto responde a un discurso interno distorsionado y a un conflicto interior no resuelto).

Una vez tengo claro estos aspectos debo saber que:

1. Debo generar situaciones en las que me sienta hábil.

2. Debo generar situaciones en las que sienta placer:

a. Por la gente que me acompaña

b. Por la actividad

c. Por el esfuerzo y el resultado

d. Debo tener claro cuáles son mis principios y mis valores; ser muy consecuente con ellos.

3. Debo saber y tener presente que tengo derecho a cambiar mis principios y valores sin perjuicio para la integridad de mi personalidad.

4. Debo esforzarme, aceptar los cumplidos cuando me los den y generar situaciones donde me sienta bien y los demás se sientan bien a mi lado.

5 .Aceptar las críticas sin “rumiar” pensamientos negativos sobre mi persona.

6. Hacer lo que creo que se debe hacer.

 

Para quererse uno mismo primero ha de respetarse y aceptarse tal como es; la aceptación de mi persona me lleva al respeto y la posibilidad de cambiar y mejorar.

Pero en última instancia debo buscar aquellas situaciones que potencien los aspectos arriba expuestos, así sentiré que:

‐ Me siento bien cuando quiero hacer algo, y lo hago.

‐ Me siento bien cuando necesito expresar una opinión, y la expreso.

‐ Me siento bien cuando creo que el trabajo requiere una serie de cualidades, y me esfuerzo por cumplirlas.

‐ Me respeto cuando me defiendo de un ataque, independientemente del resultado.

‐ Me respeto cuando creo que es importante determinada actitud, y yo trato de reproducirla.

‐ Soy feliz cuando deseo hacer, decir, probar algo, y lo hago sin miedo a que el resultado no sea el mejor.

‐ Me siento bien cuando tengo miedo y me enfrento al problema.

Con independencia de lo que nos aporten los demás, soy lo que me permito ser yo mismo, está claro que hay un trabajo personal importante, es necesario encontrar aquellas actividades que se nos dan bien y nos hacen disfrutar, la compañía que nos satisface, un proyecto que me motive y me invite a mejorar…

Algunos lo hacen casi sin ser conscientes, otros tienen más dificultades por su historia personal pero racionalizan y se observan continuamente trabajándose el bienestar, y otros precisarán la ayuda de un profesional que les oriente y les ayude a vislumbrar la persona fuerte y decidida que llevan dentro.

Pero todos tenemos la oportunidad de disfrutar de ser quien somos y debemos aprovecharla.