Todos casi sin excepción hemos utilizado en chantaje emocional en algún momento, todos, casi sin excepción hemos mirado al otro en algún momento buscando encontrar ese talón de Aquiles que nos permita vencer y obtener lo que queremos.

El uso del chantaje emocional se aprende en la infancia, a edades tempranas los niños aprenden a conseguir lo que desean del compañero apelando a su amistad, o más bien amenazándola:” si no me das tú juguete ya no soy tu amigo”. Este tipo de comportamiento chantajista, sin importancia en principio, puede adquirir connotaciones negativas cuando su uso es habitual y se utiliza de forma cruel con el único objetivo de obtener aquello que se desea sin importar el otro, signo de una personalidad inmadura y carente de habilidades de resolución de problemas cuando se trata un adulto.

Por otro lado, su uso genera culpabilidad y ansiedad en la persona que lo sufre, aprender a distinguirlo y a no dejarse arrastrar por ello es importante, porque tiene una influencia directa sobre nuestro autoconcepto y cómo nos valoramos, y porque está conducta puede ser la punta de un iceberg de una comportamiento de complacencia indiscriminada a todos y a todo.

El chantaje emocional se muestra como una violencia escalada que se ejerce sobre el otro, comienza de forma sutil y hasta amable, para llegar en algunos casos a la agresión verbal o física inclusive.

¿Cómo detectar la escalada del chantaje emocional? ¿Cómo evitamos la presión que el otro trata de ejercer sobre nosotros? A tener en cuenta:

  1. La situación de presión o chantaje ha de cortarse desde el primer momento, si dudamos mostramos un punto débil. Si esto ocurre deberemos ser aún más firmes y claros pues la otra persona interpreta que hay una posibilidad y que con la insistencia adecuada obtendrá lo que se propone.
  2. Cuando nuestro chantajista tiene un vínculo emocional con nosotros tiene más posibilidades de hacernos caer en su trampa.
  3. Cuando cedemos ante algo que no queremos nos sentimos mal por ello, pero también por no haber sabido parar esa situación y decir NO. Esto resiente siempre nuestra autoestima y nos hace cada vez más débiles. Por eso hay que cambiarlo.

Debemos tener presente que la ayuda que prestamos debe ser porque lo creamos necesario, no porque nos hagan sentir culpables, o porque necesitemos que siempre nos valoren de forma positiva. Hacer todo lo que los demás nos piden no implica que nos valoren mejor o nos quieran más, pero sí que nos manipulan mejor.

¿Cómo respondemos a una situación similar? Utilizando la técnica del disco rayado desde el minuto cero: “No, puedo, no, no y más no”

Si hemos expuesto nuestras razones, una vez es suficiente, no repitamos la retahíla, no, no y más no es la respuesta adecuada para zafarnos de nuestro chantajista.

  1. Da largas;” mira, ahora no puedo atenderte, luego hablamos.” “tengo mucho trabajo, ahora no puedo hacerlo, si te vale la semana que viene…” ¡ojo! Si utilizamos esta técnica nos exponemos a que nos digan que sí, es decir pospone el enfrentamiento, solo debemos usarla si creemos que en otro momento estaremos dispuestos a realizarla, si no, mejor afrontar la situación en el momento y negarnos más taxativamente.
  2. Confronta a la otra persona devolviéndole sus propios argumentos: “¿me estás diciendo que si no hago yo un trabajo que te corresponde a ti, y que sabías hace tiempo que tenías que realizar, yo soy el responsable de que te despidan? ¿me estás llamando cabrón porque tú no has sabido organizar tú tiempo?
  3. Pon excusas; no es la mejor forma y debe ser la última opción, una excusa no real es una mentira, esto genera ansiedad en la persona que la emite y situaciones desagradables si el otro se entera. Merece la pena ser franco.
  4. Ignórale. Cuando la situación ya es conocida, porque nuestro chantajista es un habitual, y crees que puedes llegar a ceder o sencillamente no quieres dedicarle tiempo, dile “no” y date la vuelta y márchate si es necesario. Dejas clara tu posición ahora y también para posteriores encuentros similares. El otro aprende que no tiene nada que hacer contigo.
  5. Por último, si tu relación con esta persona suele ser similar, empieza a valorar cómo abordar el chantaje y mantener tu posición asertiva o si te merece la pena mantener a esta persona a tu lado.

Recuerda que el cambio de actitud probablemente no guste inicialmente, a nadie le gusta que desaparezca un “siervo fiel”. Algunos te reprocharán tu aspereza, tu bordería o tu falta de compañerismo inclusive. No te dejes embaucar, estás haciendo lo que quieres hacer, estás siendo quien quieres ser, por fin tomas las riendas.